El arte rastrea y perpetúa memorioso y en ocasiones eterno al hombre y los grandes conflictos de su tiempo. Después de la novela y su inmensa capacidad para ser el gran espejo de la realidad, como reclamó Stendhal y alcanzaron de manera extraordinaria escritores en lo épico como Tolstoi o en lo cotidiano como Flaubert, la pintura es la forma del arte más aguda y sutil para aproximarse a la condición y a la esencia humana, así como a su entorno, en cada época de la historia universal.
Lo demuestran de manera epigonal desde un Brueghel hasta un Picasso. En esta perspectiva, cada cierto tiempo en la joven pintura colombiana irrumpen creadores que jalonan esta vocación. Es el caso de Iván Cardona, que da sus primeros pasos con una prometedora obra que recrea, por ejemplo, el hombre de Viturbio, de Leonardo, ahora inscrito en el círculo del reloj del tiempo de la postmodernidad, donde cada hora y cada minuto señalan para bien o para mal el itinerario de su destino. En esta misma ruta, los edificios impasibles, el computador, los correos electrónicos, las tarjetas de presentación o los gimnasios, son los nuevos escenarios donde se desarrolla el devenir de la existencia contemporánea, bajo horizontes donde lo mediático apunta a lo universal pero asesina lo inmediato, ya que puede facilitar la conexión con el ciberespacio pero a su vez genera la incomunicación con lo vecino, con lo próximo, casi con la misma vida cotidiana. ¿ Podrán la soledad y la alienación acabar con la poesía profunda de la metáfora humana? El lenguaje moderno de la obra de Iván Cardona, donde la figura humana conserva su nitidez en las brumas de la abstracción cotidiana, rescata para la pintura la soledad del hombre contemporáneo, que es beneficiario y víctima de los hallazgos y bienes de la época más avanzada de la historia humana. Tal vez una de las mayores virtudes de la prometedora obra de Iván Cardona radica en su lenguaje universal, tan colombiano como global, porque él, como joven, protagoniza también en solitario la saga de la existencia del hombre que encuentra en el arte la forma para reivindicar la presencia de la vida y su triunfo o incertidumbre frente a todos los objetos creados por ese mismo hombre. Un pintor y una obra que parten de estas formulaciones, sustentadas en una dimensión estética tan elaborada como rigurosa, necesariamente apuntan hacia el futuro, que también será memorioso en hallazgos y realizaciones creadoras.
GERMÁN SANTAMARÍA